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Esta
nota fue publicada en el Nº de Abril 2006 en la revista OFICIO
GRAFICO. Pensamos que refleja de manera fehaciente y clara lo que es
la realidad en el tema de la carne que, de una u otra forma, afecta
a todos los argentinos y en especial los habitantes de los partidos
productores agropecuarios entre los cuales nos encontramos.
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Débil
es la carne
por CESAR BERTETTA |
| Seguramente
no todos los que lean estas líneas han leído mis artículos anteriores,
y por eso deseo reiterar que muchas veces las buenas intenciones pueden
llevar a resultados desastrosos. Así, por ejemplo, un gobierno, para combatir
la desocupación y con la mejor de las intenciones, dicta una ley por la
que se dificultan los despidos, y paradójicamente lo único que consigue
es aumentar el desempleo, ya que quedan protegidos los trabajadores que
están empleados, pero luego, nadie que no sea el mismo gobierno, va a
emplear a trabajadores que están protegidos más allá de lo que pueda ser
razonable. Y lo mismo sucedió con la ley de alquileres, ya que el gobierno
trató de proteger a los inquilinos limitando los desalojos y controlando
el precio de las locaciones, y si en un primer momento los inquilinos
se vieron favorecidos, luego, al retirarse la oferta de alquileres, lo
único que se consiguió fue que nadie construyera viviendas para alquilar,
y ese mismo inquilino favorecido en su primer momento, luego se vio perjudicado
ya que no encontró donde ubicar a sus descendientes, por lo cual se atrasó
la industria de la construcción, se hacinaron las familias y luego, cuando
se liberaron los alquileres, estos fueron escasos y caros. Estoy convencido
de que uno de los principales defectos que tenemos los latinoamericanos
es el de desconocer las leyes naturales, y la ley de la oferta y la demanda
que ya fue estudiada hace más de dos siglos, es una ley natural a la que
permanentemente transgredimos y por eso en el campeonato del progreso
siempre estamos peleando por salvarnos del descenso. Bien, lo que nos
está pasando con el precio de la carne es una muestra de lo que sostuve
en cantidad de artículos y también líneas arriba: la ley de la oferta
y la demanda es muy simple, con la demanda aumentan los precios y con
la oferta disminuyen, así de simple. Por lo tanto, la razón nos dice que
si aumenta la demanda de un producto, la única manera de frenar el aumento
de precios es aumentando la oferta. Ante un aumento de demanda de un producto,
si tratamos de evitar un aumento de su precio fijándolo por ley y no aumentando
la demanda, podremos conseguir un freno transitorio a ese aumento, pero
de la misma manera que sucedió con los alquileres, se va a desalentar
la producción de ese bien, y luego no se va a conseguir ni caro ni barato;
y cuando fatalmente haya que liberar los precios para que ese producto
se vuelva a fabricar, al comienzo va a ser más caro, porque lo que escasea
es costoso, y a esto hay que agregar la desconfianza de los productores,
ya que el control de precios es una medida que toma gente que no entiende
del paño y a ningún fabricante le gusta invertir donde la dirigencia no
respeta las leyes del mercado. Hace décadas que venimos repitiendo errores,
y así como la inflación es consecuencia de años de creer que se puede
crear demanda artificialmente imprimiendo dinero y no aumentando la producción,
así el aumento del precio de la carne es consecuencia de poner dinero
en manos de la gente sin haber tomado la precaución de haber asegurado
antes que iba a haber bienes en aumento para satisfacer esa demanda: anunciar
a los cuatro vientos que el país está en la senda exportadora, hacer que
los industriales inviertan en frigoríficos costosos,ajustarse a los requerimientos
sanitarios crecientes de los países importadores, y luego decirles que
no deben exportar para que la gente consuma carne barata, va a tener efectos
perniciosos, y aunque consiga muchos adherentes en la población actual,
lo que va a conseguir es hacer que dentro de unos años la carne sea de
mala calidad, escasa y cara. Reitero lo que sostenía antes sobre los alquileres,
que al principio bajaron de precio, pero luego desaparecieron del mercado
y los departamentos se convirtieron en conventillos, generando una crisis
habitacional de la que tanto nos cuesta salir a pesar de los años transcurridos.
Hasta el año 1946 Argentina era un país razonablemente abierto, y a los
que vivimos aquellas épocas no nos pueden engañar: no discuto sobre si
había desocupación o no ya que no me gusta opinar sobre lo que desconozco,
pero la comida era abundante y por lo tanto barata, el puchero, abundante,
era la comida de los pobres, y en los mercados, a los que me enviaban
a comprar, los atados llamados de "verdurita", que hoy no se conocen,
eran abundantes y se regalaban, sí, aunque cueste creerlo, se regalaban,
y una persona podía comer con ese atado. Hoy ya la comida no abunda y
por lo tanto es cara, y por eso, en el país de los alimentos, vemos a
cantidad de personas buscar algo para comer en los recipientes de basura.
¿Qué pasó? Simplemente que desconocimos la ley de la oferta y la demanda,
y cuando ésta aumentó con el aumento natural de la población, se pretendió
detener el aumento de precios con leyes, y el resultado está a la vista.
En Argentina un individuo, pegándole a una pelotita con una raqueta, puede
volverse millonario de la noche a la mañana, un futbolista es adorado
y se transforma en multimillonario a la vista y aplauso de multitudes,
un político o un cantor pueden enriquecerse criticando a los ricos, pero
si un ganadero se compra un auto criando o vendiendo ganado, es un oligarca
al que no le interesa el hambre de su pueblo y al que hay que combatir;
si un empresario arriesga su capital para producir automóviles, heladeras
o televisores, bienes que deseamos fervientemente, ese empresario no debe
ganar dinero, y si lo hace es un explotador; si un laboratorio invierte
millones de dólares en gente que quema sus pestañas estudiando, en lugar
de dedicar su vida al baile o al fútbol, y si compra costosísimos equipos
y edificios para producir las drogas modernas que tantas vidas salvan,
en cuanto la gente advierte que ese laboratorio gana dinero, se transforma
ante la opinión pública en algo así como un pariente cercano de Drácula
que lucra con la salud y el bienestar del pueblo. No debiéramos mostrar
extrañeza entonces cuando vemos que los padres gastan más dinero en pelotas
de fútbol o raquetas que en libros para sus hijos, y que son pocos los
jóvenes que estudian ingeniería y muchos los que siguen carreras donde
pueden recibirse de abogados, sociólogos o pretendidos conductores políticos,
ya que la política en nuestro país es la actividad que más dinero y bienestar
produce con menos esfuerzo y sacrificio. Y como la producción depende
de empresarios, y como éstos son tan maltratados por pueblo y gobernantes,
no nos extrañemos de que la producción sea escasa y por lo tanto cara:
la gente tiene derecho a creer lo que quiera, los políticos tienen derecho
a fantasear y delirar, pero por más derecho a creer y fantasear que tenga
la gente y sus dirigentes, por más que crean que los chanchos vuelan,
los chanchos, que son mamíferos, siguen naciendo sin alas, y lo que en
realidad vuela son los precios. Insisto en que no hago especial hincapié
en señalar que todo esto esté bien o mal, sostengo solamente que las cosas
suceden así, y que la única manera de abaratar un producto es que ese
producto abunde, y la única manera de que abunde es darle a su productor
la libertad de fijar el precio de lo que fabrica, y si ese precio es excesivo,
ya la competencia le hará bajar sus pretensiones. Si queremos alimentos
baratos, en lugar de gastar fortunas creando organismos estatales improductivos,
sería mucho mas beneficioso mejorar los caminos por donde transitan los
camiones que transportan ganado, ya que cuando llueve no llega hacienda
a los mercados y el precio aumenta. 0 mejorar los puertos, ya que en estos
días los productores están encendiendo luces de alarmas al ver demoras
en la salida de la producción hacia el exterior. 0 mejorar la salida de
las aguas de los ríos para evitar las ruinosas inundaciones. En lugar
de pedir a la gente que consuma menos carne como castigo a la avaricia
y voracidad de los productores, ¿no sería más beneficioso para el país
no crear más resentimientos y pedirle a la gente que consuma menos carne
para aumentar el stock ganadero a la vez que se apoya al campo con el
peso del Estado? Pero hay que reconocer que ante un pueblo que pretende
lo imposible, que es vivir bien sin sacrificios, que pretende que haya
leyes que limiten sólo a los demás, que cuando el desorden lo perjudica
pide a gritos orden y disciplina, y cuando la disciplina lo afecta grita
que la disciplina es represión, y ante un electorado veleta que un día
da la vida por García y al otro pide su cabeza, que sostiene que Pepe
es ladrón y al otro día lo elige, que se euforiza cuando privatizan los
servicios y puede acceder a buena energía eléctrica y teléfonos, y al
otro día pide que decapiten a los dirigentes de esas empresas y que vuelvan
al Estado, que sostiene que no es capitalista ni socialista, si no que
es peronista, pero cuando lo convencen que los peronistas son ladrones
vota a los radicales, y cuando le dicen que los radicales son inoperantes
y no saben gobernar, vuelve a votar a los peronistas, es muy difícil tomar
las medidas acertadas y gobernar correctamente. Volviendo a lo anterior,
en 1946 había en Argentina 3 vacas por habitante, y hoy hay una, y ese
es el único motivo por el cual la carne es cara, y si queremos que baje
su precio, tenemos que hacer lo que hicieron Brasil o Uruguay, que triplicaron
desde el 46 hacia acá, su producción ganadera. Habría una alternativa,
y es que el gobierno, ya que sabe a que precio debe venderse la carne,
y aprovechando la enorme cantidad de tierras fiscales que tiene, se dedique
a la ganadería. Espero que el gobierno no opte por esta solución, pero
como en Argentina los políticos no creen en imposibles, voy a contar un
cuento gracioso y aleccionador que escuché, no hace mucho, de la radio:
Cuentan que en el INTA tenían un gran número de vacas, y los pocos toros que poseían no se mostraban muy entusiasmados en aparearse cuando llegaba la época del celo. Preocupados, los técnicos preguntaron en el pueblo por algún estanciero que tuviera un toro que se tomara más en serio su función de reproductor, e inmediatamente todos, al unísono, contestaron: "véanlo a Don Ramírez, que tiene un torito, el Moro, que se pasa el día subido a toda las vacas que se le cruzan, y que no pregunta cuantas son, si no que vayan saliendo". Así lo hicieron los técnicos, compraron el toro, por el que pagaron un precio muy elevado, y lo llevaron al corral donde estaban encerradas las vacas. Pero ahí empezó el drama, ya que el toro, por el cual habían abonado una fortuna, por más que las vacas estuvieran en celo y le frotaran el morro con sus colas, no conseguían que se le moviera un pelo. Indignados, fueron a verlo a Don Ramírez para exigirle una explicación, pero éste no salía de su asombro: ¡No puede ser! exclamó, ¡si al Moro lo tenía que sujetar hasta cuando veía a las yeguas! ¿Qué le hicieron? Nada -contestaron los técnicos-, lo tratamos como Ud. nos indicó, y por otra parte somos técnicos del INTA y algo entendemos de animales. "¿El qué?, el INTA, ¿y eso qué es?", preguntó el hombre de campo. ¿Cómo!? ¿no sabe qué es el INTA? Es una importante repartición del gobierno. ¡Con razón! exclamó aliviado Don Ramírez, ahora me lo explico, claro el Moro ahora es empleado público y no se calienta más. A buen entendedor... |
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